Hace un año que la pandemia llegó para quedarse, al menos, un tiempo más. El desarrollo de la vacuna contra el Covid prende una luz de esperanza al final del túnel. Pero hay rubros que aún la siguen peleando día a día. Y sin dudas que las agencias de turismo son el fiel reflejo de cómo el virus les cambió la vida. La historia Cecilia Osswald, la dueña de Vas Viajes, es sin dudas un digno ejemplo de resiliencia. Con su negocio paralizado en pleno centro de la ciudad de Santa Fe, buscó nuevos horizontes para salir adelante. Comenzó con ventas online de pijamas durante el momento más fuerte de la cuarentena. Fue añadiendo productos y actualmente montó una tienda americana en el local donde funcionaba la oficina turística que es un boom en la capital provincial. “Pude reinventarme de esta manera. Pase por muchas actividades. Pensé un montón. Tuve muchos altibajos porque yo me levantaba y quería ir a ofrecer destinos al extranjero. Pero esto puede terminar siendo una nueva carrera y contar con dos negocios a la vez”, aseguró.
No hay lugar a dudas que la pandemia echó por tierra muchas situaciones y negocios. El empuje y la capacidad de reacción ante la adversidad le dieron una nueva oportunidad a Osswald, incluso, donde no tenía experiencia previa. “Fue muy loco todo. Siempre digo que de las crisis se crece. Tanto yo como mis colegas vimos reflejada la capacidad que tuvimos para reinventarnos. Somos muchos los que nos metimos en rubros que nunca imaginamos estar y es asombroso lo que se puede hacer, siempre que uno tenga iniciativa y esté en continuo movimiento”, contó.

Una historia para imitar
El caso de Cecilia Osswald es el claro ejemplo de resiliencia. La reconversión en el plano profesional para buscar constantes vetas de negocio la llevó a montar una feria americana en pleno centro de la ciudad de Santa Fe que hoy es furor. Los inicios se dieron con ventas online, al punto que se vio sobrepasada de mercadería y decidió iniciar la metamorfosis de su agencia de viajes – que aún sigue funcionando en una habitación en el mismo lugar – en un local de indumentaria. “Comencé vendiendo pijamas de personajes porque estábamos en invierno, los chicos no podían salir y estaban todo el tiempo en pantuflas en sus hogares. Hice una fuerte publicidad en redes sociales y me recorría toda la ciudad llevando los paquetes a domicilio”, contó sobre sus inicios.
Luego, al ver que la flamante tienda online comenzaba a dar sus frutos, apostó por incorporar acolchados, toallas, sábanas y todo lo vinculado al blanco hogar. “Fue un boom porque la gente estaba todo el tiempo en su casa y se daba cuenta que hacía mucho tiempo no hacía recambios de esas prendas”.
Pero eso no fue todo, porque la titular de Vas Viajes fue por más. Detectó que padres y madres necesitaban mantener activos a sus hijos con actividades dentro de sus casas. Y ahí fue que añadió el rubro lúdico a su negocio. Y como si fuera, observó que en ese momento los natalicios eran crecientes. “Empecé a hacer kits para los nacimientos, entonces solucionaba el tema de regalos y me encargaba de llevar los paquetes a los hogares o las clínicas”, recordó.
Osswald fue pasando por diferentes facetas a lo largo de los meses iniciales de pandemia, donde aún pesaban las estrictas restricciones a salir. Superada esa instancia, se dio cuenta que a los más niños la indumentaria ya le había comenzado a quedar chica. “Me pasó a mí con mis hijos. Un día me encontré con un montón de ropa y decidí hacer una feria americana con prendas mía y de unas mamás amigas que me fueron trayendo”, explicó y agregó: “El salón de la agencia lo había remodelado pero, al no poder vender viajes, estaba vacío. Aposté por llevar todo el negocio allí un fin de semana. Entendí que este rubro caminaba y fui sumando adeptos que me entregaban vestimenta para que venda y, así, poder comprar cosas nuevas. Así fue que nació Mi Carrito Feria Americana”.
Llegada la navidad, también incursionó en una exposición de juguetes y ahora explotó una feria escolar previo al inicio lectivo. “Lo venía pensando porque los uniformes del año pasado no se usaron, están nuevos y ahora a los chicos no les van a entrar más. Los alumnos tuvieron una semana nada más de clases”.
Mi Carrito se encarga de realizar todas las acciones de marketing. Los interesados entregan las prendas en consignación y la dueña del emprendimiento se encarga de exhibir las mismas por tiempo indeterminado. Son las propias dueñas de la indumentaria que ponen el precio y luego, si se concreta el negocio, pagan una comisión. “Es una moda circular. Yo siempre trabajé con servicios y no sabía lo que era trabajar con stock. Fue todo un know how hecho rápidamente”, deslizó.
Un gesto de caridad
La dueña de Mi Carrito indicó que la ropa en exposición es seriamente seleccionada y a quienes se acercan a dejar indumentaria para poner en venta les ofrece una doble opción. “Si es algo que está impecable y prácticamente sin uso, lo tomo. Caso que tenga algo de desgaste pero sirva para su uso, le doy la posibilidad que la dejen en el local y luego yo me encargo de reunir una cantidad de prendas para donarlas a familias que lo necesitan”, concluyó.




