Habría que realizar un fino relevamiento para encontrar alguna industria que roce la antigüedad de Pandería Zanello. El comercio nació a la par de Cañada Rosquín – localidad del departamento San Martín fundada en 1890 – y hoy la historia está más viva que nunca. En octubre festejó sus 125 años. Al negocio lo amasaron inmigrantes italianos y hoy la cuarta generación de la familia lo mantiene en pie. Desde los inicios con repartos en sulki por una amplia zona rural hasta la expansión actual con más de 50 productos propios. Una rica tradición que se mantiene vigente y es leyenda.
Los registros de la fundación de la localidad de Cañada Rosquín datan de 1890. De acuerdo a la historia, fue Rafael Escriña quien elevó un pedido ante el Departamento Topográfico Provincial para que se apruebe la traza del pueblo bajo el nombre de Amstrong – en honor a Tomás Amstrong, quien era el antiguo dueño de las tierras –. Sin embargo, 15 años más tarde la denominación fue modificada como actualmente se la conoce. El calificativo se debe a la existencia de un poblado anterior que llevaba esa misma designación.
Y precisamente aquel siglo pasado, Miguel Zanello y Victoria Porta desembarcaban desde su Italia natal para radicarse en Cañada Rosquín. Desde allí construyeron su sueño y comenzaron con un negocio en el que la experiencia no faltaba. “Esto es una tradición que comenzaron mis bisabuelos. Ellos eran de la zona de Torino, Italia. Llegaron a Argentina donde iniciaron este emprendimiento. En realidad ellos continuaron con su trabajo porque en Europa tenían el oficio de panaderos”, recordó Juan Zanello, hombre de la cuarta generación que maneja la panadería que lleva su apellido como estandarte.
La exquisita historia del negocio ya lleva años transcurridos. El proyecto de Panadería Zanello salió del horno prácticamente a la par de la fundación de Cañada Rosquín. Es que el registro de su creación y puesta en marcha data de 1891. En un barrio ubicado al norte de la localidad se erigía y comenzaba a dar sus primeros pasos. “Fue la primera industria que se puso en funcionamiento en la ciudad”, explicó su actual titular lleno de orgullo.
Los restos de aquel primer local que vio crecer al comercio hoy se mantienen intactos. Actualmente funcionando como casa de familia, el inmueble mutó y hasta funcionó como bar. Todavía se puede pasar por el frente de una vieja casona que mantiene la esencia de lo que originalmente fue y donde se hornearon kilos de pan durante 37 años. “En 1923 comenzó a construirse el nuevo inmueble que concluyó en 1928. Desde ese entonces, la panadería funciona en este lugar. Hoy se mantiene la fachada y el espíritu, a pesar de ciertas reformas que se fueron haciendo con el tiempo, sigue siendo el mismo”, explicó Zanello.
Una tradición que nunca se cortó
Don Miguel Zanello y Victoria Porta apostaron su futuro en Argentina. Llegados desde su Italia natal, se radicaron en nuestro país donde tuvieron siete hijos. Pero el destino no le jugó una buena pasada al “hombre de la casa”. Fue muy poco el tiempo que pudo disfrutar del negocios al cual le había puesto todas sus fichas. “Mi bisabuelo falleció al año que abrió”, contó el actual titular.
Viuda y con una amplia familia por sostener, Porta tuvo que bancar la parada y ponerse al hombro el flamante emprendimiento. No fueron todos sus descendientes quienes decidieron darle continuidad al comercio. Sólo tres empujaron la industria. “Uno de ellos era mi abuelo Luis”, destacó Zanello y agregó: “Más tarde fue mi papá quien se hizo cargo del local y en el año 90, aproximadamente, me terminé incorporando yo a pleno. Antes ya trabajaba en el lugar. Lo hacía desde los 13 años, aunque no de forma profunda. En 2004 muere mi padre – Ronald Zanello – y me hice cargo de la industria por completo”.
La estirpe panadera fue crucial para llegar a este punto. La genealogía de los Zanello mantuvo su aroma tradicional que le permitió dejar una huella imborrable en la historia. “No son muchas industrias las que tienen su cuarta generación que continúan con un negocio tradicional”, se alegró.
Pioneros en el delibery
Hay que remontarse 125 años hacia atrás para hablar de los inicios de Panadería Zanello. Los productos tradicionales de a poco iban ganando terreno en el mercado y gestando un nombre que perdura y es marca registrada en el siglo XXI. Las antiguas localidades estaban influenciadas mayormente por amplias zonas rurales y, allí, la familia encontró su primer nicho de negocio. Las recorridas se programaban periódicamente por sectores con abundante caudal de producción.
“Principalmente se fabricaba pan, galletas y bizcochos. Se producía mucho para los campos. Los repartos se hacían con jardineras y sulkis. Hay que tener en cuenta que las antiguas familias que allí vivían eran numerosas. Por eso las compras eran grandes. Hablamos que se repartía en cada casa rural unos 20 kilos de pan que duraban unos siete días. Las recorridas se llevaban adelante cada una semana y la mercadería que se dejaba en cada hogar era mucha. La zona de influencia era una región formada por las localidades de Belgrano y San Martín de las Escobas, fundamentalmente”, indicó el titular del negocio.
Valor agregado sin perder la tradición
El paso de los años estuvo acompañado de nuevos proyectos. Panadería Zanello se fue adaptando a los tiempos modernos y su siglo de vida fue guiado por un crecimiento que avanzaba paralelamente. Por eso aquel local de 1928 vio anexos antes impensados y productos que se fueron sumando a las góndolas día a día. También observó el paso de una infinidad de empleados que amasaron kilos de masa y desde ese punto comenzaron a abastecer a una zona de influencia cada vez más amplia.
Con 52 años de edad, Juan Zanello fue quien experimentó la mayoría de los cambios que fue apreciando el negocio. La incorporación en los últimos tiempos de cafetería y heladería deja en evidencia que la industria fue moldeando su esencia para encajar en cada época pero siempre arraigada a las raíces que le dieron sus frutos. “Hoy tenemos un local bien armado, completo”.
A los tradicionales productos que le dieron vida, las generaciones que por allí pasaron le fueron sumando alfajores, productos de repostería y sandwichería. Por eso en 2016 la fábrica cuenta con más de 50 productos. “Me quedo con el alfajor de maicena y los madrileños – los de hojaldre – como productos estrella. Son los que nos caracterizan en toda la región”, se enorgullece su dueño.
De aquellos repartos por zonas netamente rurales a principios del 1900, los años no sólo le dieron vitalidad a Zanello sino también un amplio radio de penetración del negocio. Actualmente la distribución llega a El Trébol, Carlos Pellegrini, San Jorge y Cañada Rosquín. Además trabaja con 9 empleados fijos y un grupo mayor durante los fines de semana debido a la fuerte demanda.
Sin embargo, el único sobreviviente que mantiene el proyecto en pie prefiere ponerle un freno al crecimiento, por lo menos desde la proyección, y disfrutar el momento. Asegura que tocó el techo que deseaba y se encuentra parado en un lugar donde no considera “necesario pensar en nuevos futuros”. Más allá de eso, no descarta avances de mercado aunque dejará “que el tiempo lo determine”.
Hora de levantar las copas
Los registros de la fecha exacta de fundación de Panadería Zanello no son claros, aunque si se sabe con precisión que fue en el mes de octubre de 1891. No es corriente, por lo menos en la región, estar ante una industria que haya nacido de forma paralela a una localidad y haya traspasado la barrera de los 100 años de vida. Mucho menos que la propia tradición familiar haya sido el motor de empuje para erigir un negocio que vio pasar por sus mostradores a todas las generaciones de un poblado.
Por eso el próximo 12 de noviembre no pasará desapercibido para Zanello. Ese día fue el elegido para llevar adelante los festejos. Con un cronograma aún a definir, el borrador indica que frente a la actual panadería habría parte de los actos y la fiesta de gala se realizaría en un hotel de la ciudad. “Haremos un reconocimiento para los empleados, una pequeña ceremonia y luego continuará con una cena – show”, adelantó el titular de la firma.
Por último, Zanello mostró sensaciones y sentimiento tras conducir durante los últimos años un barco que navega durante más de un siglo sin naufragar. “Todo esto es muy fuerte. Es un orgullo. No es común encontrar a una cuarta generación continuando con un negocio de más de 100 años de vida. Conservamos un edificio en el cual trabajamos desde 1928”.




