Atriles vacíos, un estudio desierto, ciudadanos decepcionados y un silencio que habló por sí mismo. Tras el gratificante acto del martes por la noche donde casi todos los candidatos a concejales participaron del debate organizado por STV Canal 4 (salvo Lorena Carabelli del Frente Progresista que a último momento dio marcha atrás y no asistió), lo de anoche fue una falta de respeto más de la política hacia el pueblo.
Casi como una ironía, en donde la palabra es la materia prima de quienes gobiernan o aspiran a hacerlo, anoche no hubo ruido. Se sintió el silencio de quienes tienen que pedir el voto. Se privilegió de forma egoísta la no exposición por sobre las necesidades de la ciudadanía. Y en un contexto de sobreexposición verbal, debía reivindicarse el valor de la palabra en la previa del mayor acto democrático.
Vaya a saber por qué desde el oficialismo la actual intendente María del Carmen Amero, quien va por su reelección y quedó muy bien parada tras los comicios de fines de abril, apostó por la negativa. La estrategia de callar y no confrontar ante un abultado triunfo era claro. Quizás aferrándose a aquel libro del francés Joseph Antoine Toussaint Dinouart escrito en 1771, «El arte de callar». El movimiento de piezas de la experimentada referente del radicalismo ya se había hecho en las Primarias, y fue suficiente. Sólo le resta cantar jaque mate.
Pero lo sorpresivo del caso es que en tiempos de redes sociales y tecnología, el Frente Progresista se ha transformado en una máquina avasalladora de publicitar absolutamente todo mediante esa vía. Pero precisamente, en momentos previos de campaña, el silencio ante la confrontación cotiza en bolsa. Sólo se habla con los simpatizantes.
El Justicialismo con Diego Ferrari es otro claro ejemplo de la negación. Y el desconcierto de su decisión es aún mayor. El no fue rotundo e inamovible. El plato estaba servido, no había nada que perder. Pero no. Otra vez, la experiencia no jugó sus cartas.
Y ahí estaba Cambiemos, con el joven Baravalle dispuesto a hacerle frente a los históricos de los espacios más fuertes. El caballo y la armadura para ir a la guerra estaba preparado. Pero nunca existió el encuentro. La convicción de hablarle a una cámara ante la mirada de sus oponentes quedó trunca por el arte de callar, los atriles vacíos y un estudio desierto.




