La paciencia y el tiempo, los dos guerreros más poderosos. Sin dudas que es una de las premisas que tomó un grupo de cinco amigos entusiastas de la ciudad de Sastre cuando en medio de la pandemia se embarcaron en un plan único hasta el momento: la refacción general del reloj de la Iglesia céntrica de la cabecera departamental para devolverle su estado natural. La pieza, de unos 70 años, tiene un diámetro de un metro y setenta centímetros. Y si bien funciona correctamente, al subir a la torre de la Parroquia que se encuentra a unos 30 metros de altura, se encontraron con los cuadrantes deteriorados, el artefacto desgastado y un curiosidad inédita: el número 4 estaba ubicado de tal manera que en realidad era un 6. Pusieron manos a la obra en agosto y pretenden finalizarlo para la llegada de navidad. «Queremos retroceder en el tiempo y volver al pasado, cuando las campanadas marcaban la hora en toda la ciudad», explicó uno de los integrantes del equipo de trabajo, Miguel Ángel Peretti, en diálogo con El Primer Mate de la Mañana – programa que se emite de lunes a viernes de 9 a 12 por Radio Cronos FM 107.1 -.
No será una tarea sencilla. Más bien la describen como tediosa, aunque apasionante. Ellos son un grupo de cinco sastrenses que se aventuraron en una experiencia sin antecedentes. La idea surgió por la necesidad de refaccionar el artefacto que es guía del tiempo para toda la comunidad, desde el habitáculo hasta los cuadrantes. “En 1986 había reparado la rueda de escape con mi papá. La experiencia de subir y tocarlo me dio algunas herramientas. Decidimos entonces hacer una reparación de fondo para que quede funcionando durante años», explicó Peretti quien junto a José María Bossa, Juan José Giorda, Luis Blanco y Héctor Minetti conformaron «Los amigos del reloj».
El plan no sólo incluye la reparación del artefacto, sino dejarán todo registrado para que las futuras generaciones que deban echarle mano conozcan los materiales utilizados y las refacciones realizadas por última vez. Desde el mes de agosto, cuando iniciaron dicha aventura, promovieron una exhaustiva investigación que los llevó a conocer la historia viva del «dios del tiempo».

Y allí descubrieron cosas inéditas. «El número 4 estuvo siempre hecho al revés y nunca nadie se dio cuenta. Era un número 6 más, pero como estaba ubicado en el lugar que ocupa el 4 y a una gran altura, parecía como tal. Lo que sucedía es que el uno romano se encontraba ubicado en la posición contraria, lo que en definitiva modificaba la cifra», indicó uno de los integrantes del grupo de trabajo.
Al respecto, y sobre dicha situación, «Los Amigos del Reloj» ya tomaron una determinación. El 4 será reemplazado por 4 unos romanos. «Es una decisión que tomó la religión con los relojes que pertenecen a las Iglesias Católicas en todo el mundo. Ese dígito original proviene de un dios pagano con el cual no están de acuerdo, por eso se hicieron modificaciones a nivel global y nosotros vamos a implementarlas con la autorización de quien está al frente de la Parroquia», adelantaron.
Otro de los datos obtenidos tras la investigación fue dar con el fabricante del artefacto. Se trata de una casa de la ciudad de Rosario que ya no existe, denominada Relojería Sudamericana perteneciente a Luis Verstraeten, un suizo alemán que dejó algunos discípulos que reparaban estas piezas en la zona. «En la localidad de Cañada Rosquín hay un artefacto igual al de Sastre. Dimos con un allegado a esta persona y nos dio algunos consejos técnicos, sobre todo de la lubricación. Porque no todas las partes deben pasar por este proceso», contaron.
De acuerdo a los últimos registros, en la década del 2000 se le realizó el cambio al sistema general. El reloj ya no está conectado con las campanas como se encontraba originalmente, sino que se había implementado un método electrónico. «No estamos de acuerdo con eso, pensamos que la técnica auténtica debería haber sido refaccionado como monumento histórico».
Siete décadas marcando la hora
En 2021 el artefacto que es punto de referencia de toda la ciudad y tiene una connotación casi patrimonial e histórica cumplirá 70 años de vida. Su funcionamiento es normal, aunque su estado se encuentra deteriorado. «Cuando subimos en el mes de agosto notamos que estaba muy sucio. Tiene muy poco desgaste porque se le fueron cambiando los bujes, aunque los cuadrantes están muy averiados. Cada uno posee vidrios curvos y uno circular en el centro y de mayores dimensiones. Sólo quedan dos originales. Tenemos que cambiar varios cristales. Vamos a hacer algo único para que si se sale de punto, quien lo repare sepa todos los detalles técnicos», remarcó Peretti.
En el grupo de trabajo avanzan con la intención de volver en el tiempo para que el reloj «suene de manera mecánica como lo hizo originalmente». Desde su instalación, la ciudad de Sastre se caracterizó por el sonido característico que marcaba la hora de acuerdo al número de campanadas emitidas. «Hoy el reloj continúa funcionando, aunque no se escuche el sonido. De esa forma se abastecen las pesas que alimentan el sistema del artefacto. No se puede anular el mismo sacando el sistema de sonería. Hoy funciona en vacío porque se les quitaron los martillos a las campanas. Pensamos volver a lo que era antes, las campanadas que marcaban la hora en toda la ciudad», se entusiasman.
Pero el trabajo no es nada sencillo. Es que realizar las tareas en altura tiene su nivel de dificultad y más aún cuando desde la base del campanario al reloj hay una escalera aérea. Por eso el traslado de herramientas se hace con mochilas, baldes y sogas, y bolsas. «No se puede subir nada en la mano porque las tenemos ocupadas para trepar al habitáculo. Debemos tratar de no olvidarnos nada porque si hay que bajar, el trayecto de descenso es largo. Además en el lugar donde desarrollamos las tareas es un espacio cerrado y muy caluroso, por lo cual estamos yendo a la tardecita», puntualizaron.




