La tradicional movida por el Día de la Primavera de Garibaldi terminó en la nada misma. Es que desde la Comuna se pusieron firmes y prohibieron el consumo de alcohol en el «monte». Y sumado a un precio adicional que pretendían cobrarle a los estudiantes que llegaban desde toda la región para festejar, todo se diluyó rápidamente. Los jóvenes se disiparon, pusieron en marcha la operación retorno y el Liceo Municipal de Sastre junto al Camping Comunal de María Juana terminaron transformándose en los epicentros de las juntadas. Los gobiernos locales montaron un operativo improvisado para evitar que todo se salga de la vaina.
En los últimos años Garibaldi había inflado el pecho por hacer de cada 21 de septiembre un multitudinario pic-nic primaveral. A lo largo de los recientes 10 años, el famoso «monte» era el lugar elegido – y casi obligado – por estudiantes para festejar su día. Primero fueron los jóvenes de la propia localidad junto a adolescentes de María Juana, Zenón Pereyra y San Vicente quienes le dieron vida a la movida. Pero más tarde se acoplaron chicos de Sastre, Crispi, Castelar y Las Petacas, entre otros. Los acampes durante la noche previa eran moneda corriente y, quienes no lo hacían, emprendían camino a hacia ese punto de encuentro ni bien la claridad de la mañana se hacía notar.
Pero este año algo cambió. Los jóvenes de toda la región se acercaron como cada 21 de septiembre y se encontraron con un sorpresivo y estricto control. La Comuna decidió prohibir el consumo de alcohol en la típica «sede» estudiantil y, como aderezo, quiso cobrar una entrada de $70 al predio.
La negativa de los adolescentes fue unánime y todos optaron por lo mismo: le dieron la espalda a Garibaldi y eligieron dos nuevos puntos de encuentro. Sastre y María Juana fueron las opciones apuntadas y el desembarco de estudiantes se hizo notar. En ambos lugares, chicos de Sastre, María Juana, Las Petacas, Zenón Pereyra, Crispi, Castelar y San Vicente, entre otros, montaron campamento para disfrutar de una agradable jornada que le había deparado el destino.
Pero con la llegada de los diferentes grupos de jóvenes, los gobierno locales tuvieron que improvisar operativos para evitar desbordes. Por eso, tanto en María Juana como en Sastre, agentes policiales e inspectores de tránsito se apostaron en diferentes sectores de los predios para controlar que todo marche dentro de los parámetros normales.
Lo que no pudieron impedir fue el consumo de alcohol. Es que al momento de llegar, los estudiantes ya habían instalado sus campamentos con bebidas y comida para pasar la tarde. De acuerdo a datos brindados por la Comuna de María Juana, unos 400 chicos dijeron presentes en dicha localidad, mientras que en Sastre se estima que aproximadamente entre 250 y 300 eligieron el Liceo Municipal. Con la vuelta de los estudiantes a las localidades de origen, ¿harán algo desde el Municipio para que las próximas generaciones tomen a nuestra localidad como primera opción?




