Esta frase forma parte de “Canción de la ternura” de Armando Tejada Gómez, y estaba escrita en la pared de la Peña “El Alero” donde fuimos a cantar con Argentina 6 en el barrio del Cerro de Las Rosas, en la ciudad de Córdoba, en el invierno de 1972.
Habíamos ido a Córdoba con los chicos del grupo con el objeto de grabar un disco y lo pudimos hacer. El resultado fue un disco de pasta que se reproducía en 76 rpm, que se nos quedó extraviado por ahí.
Esa canción habla “del cielo de mi niñez” y se abre un universo de cosas maravillosas que si las miramos desde lo profundo tienen una luminosidad que nos llena el alma, sobre todo si esa niñez venía transitando por los caminos de la música.

Y es desde ese universo que en nombre de quienes formáramos Argentina 6, venimos a rendir homenaje a Rosalía Kaufman, seguramente la soprano más brillante que tuvo la región por aquellos años entre fines de década del 60 y principio del 70.
En 1969, se forma el primer grupo con el mismo nombre, integrado por Nilda y Rosalia Kaufman, Isabel y Silvia Banchio (hoy directora de Coro en la ciudad de El Trébol), Alberto Araya y Luis Milocco, con quienes participamos en el festival folclórico Paso del Salado en la ciudad de Santo Tomé, a fines del 69, siguiendo el perfil de Las Voces Blancas de tal manera que tomamos temas de su repertorio, como Zamba Azul y Guadalquivir. Dos hermosas piezas musicales donde se lucían las voces femeninas. En este festival, el profesor Lázaro Flury de San Jorge, que integraba el Jurado, al consultarle porque no habíamos pasado de ronda, nos respondió que era porque no era folklore lo que nosotros hacíamos. Luego esa formación se disolvió por cuestiones de estudios universitarios.
Luego se forma la segunda agrupación y estaba integrada por 3 parejas de hermanos: Rubén (17) y Mario Seveso(15), Daniel (19) y Luis Milocco (18) y Nilda (16) y Rosalía Kaufman (17), jóvenes y adolescentes que en 1971 nos atrevimos a cantar en difícil. Eran los tiempos de la transición del folklore tradicional al folklore de proyección de los grupos vocales,(Las Voces Blancas, Cuarteto Zupay, Los Trovadores).
Fue un trabajo autogestivo, que partió de nuestros pocos conocimientos, con mucho de creatividad e inconsciencia. Digo inconsciencia porque no nos dimos cuenta de lo que llegamos a lograr en un corto espacio de tiempo. Pudimos congregar en esas 6 voces todo el arco necesario para armar un conjunto vocal: bajo, barítono, tenor, contralto y soprano. Mucho sacrificio, horas de ensayo y dedicación. Nada de educación vocal, y no por restarle importancia si no porque no teníamos acceso ni posibilidades, sobre todo económicas.
Los varones veníamos de inaugurar la banda de música bajo la tutela de Olindo Strada y de fundar la comparsa Penambí Bera, con el impulso de un grupo de adolescentes como éramos todos.
Por aquellos años había llegado a Sastre, desde España, la familia del Dr. Manglano (abogado) cuya esposa era muy amante de la zarzuela y fue quien entusiasmó a Rosalía, desde la cercana niñez, con ese género musical muy particular, y desde ahí fue puliendo una curiosa calidad vocal entre blanca y dulce que despertó la curiosidad a todos aquellos quienes tuvieron la posibilidad de escucharla.
Recuerdo que las chicas nos hablaban de la zarzuela, a nosotros que hacia un ratito no más que habíamos dejado por ahí la gomera y los botines de fútbol o las zapatillas de básquet. No entendíamos nada pero íbamos igual para delante.
Siempre nos pasó que luego de las actuaciones, gente del público se nos acercaba para expresarnos su admiración por la capacidad interpretativa, sobre todo de Rosalía. Por la agudez, la afinación y la calidad en la ejecución de canciones donde se lucía sin lugar a dudas.
En los 3 años de convivencia musical, habremos ido a cantar más de 10 veces a la ciudad de San Jorge, donde teníamos un público especial que se había encariñado con nosotros de tal manera que cualquier motivo era causal de un evento donde nos invitaran para ir a cantar: La Biblioteca Rivadavia, el cine club, donde compartimos escenario con dos grandes de San Jorge como fueron Leda y Hugo Benassi (a dos pianos) y que fue para nosotros una experiencia sin igual y donde grabamos en vivo las canciones que publicamos.
Sumado también a que éramos número puesto en cada presentación de la Peña Reflejos de Tradición que funcionaba en el Club Atlético Sastre. Fue ahí donde compartiendo un show con Los Trovadores del Norte, uno de ellos, Bolito Rubin, amigo personal del Dr. Kaufman, luego de escucharnos le dijo “mira vos? Estos chicos que bien cantan en difícil!!!”.
Como hitos importantes para destacar en nuestra corta carrera
Tuvimos el gusto, el honor, el desafío de haber ido a cantar varias veces a Canal 13 de Santa Fe, lo cual para la época era todo un hecho muy destacable y que nos hacía inflar el pecho.
También tuvimos participación en los festivales folclóricos “Paso del Salado”, con las mismas observaciones por parte de Lázaro Flury. Pero ahí ocurrió un hecho pintoresco, como consecuencia de nuestra aparición por Televisión. Un grupo de chicas nos confundieron y Mario Seveso terminó firmando autógrafos porque lo tomaron por Arnaldo André.
El 10 de Enero de 1973, se produce una tragedia de carácter provincial como consecuencia del paso de un tornado categoría 5 en la ciudad de San Justo (Sta.Fe) que provocó pérdidas humanas e importantes daños materiales. A raíz de eso, se organiza un evento musical para reunir fondos y alimentos no perecederos para ayudar a las víctimas del tornado. El mismo se organiza en la cancha de futbol del C.A. Unión de Santa Fe a estadio lleno, y en el escenario estuvieron Palito Ortega, Los Iracundos y Argentina 6. Un hecho que para nosotros fue muy significativo.
Por supuesto que en el medio de este andar, quedaron un sinnúmero de anécdotas, desde los ensayos, a las actuaciones, los viajes, las migraciones entre la casa de Kaufman y Seveso, con los mates de la Negra y la asistencia del Chiche Clemente.
Fueron años de disfrute y de crecimiento en una armonía enriquecedora que vino a truncarse aquella fría madrugada del 6 de mayo de 1973 cuando nuestra querida Rosalía nos dejó para sumarse tal vez a algún coro de ángeles, que más de una vez nos habrá susurrado en lo más hondo de nuestros corazones, como dice Atahualpa: “formas de curar la herida que sangra en el quebrachal”.
En lo personal, no tenemos otra cosa que agradecer ese permanente retorno a la ternura que nos provoca el revivir esos bellos momentos donde seguramente cumplimos con el mandato de Tejada Gómez de andar cuidando que en la ciudad crezca la flor.
Como hijos de esta comunidad, cómo poder explicar en palabras el sentimiento de quienes amamos la música, de haber sido parte de la historia musical de Sastre, tan rica, tan única, tan importante en la formación personal y de una comunidad que la tiene como rasgo distintivo y que a través del fenómeno musical se manifestó y se sigue manifestando como una usina generadora de nuevos valores, y Dios quiso que en ese andar musiquero tuviésemos la fortuna de compartir el canto con Rosalía, que es alguien que marcó a fuego y música con su voz, una época de esplendor que se nos permitió compartir y ser protagonistas.
Rosalía, muchas gracias por todo: tu voz maravillosa, tu sonrisa ancha, tus ojos enormes y tu calidad humana. Siempre presente en nuestros corazones.
“Ya no me acuerdo del olvido ni de la ausencia lastimando, solo recuerdo tu silueta, dulce habitante del paisaje. Resurrección del cielo tuyo, entre mis manos y la tarde, ya no me acuerdo del olvido ando de sol con tu milagro.
Con el amor todo regresa, como los pájaros y el alba.
Resurrección, digo tu nombre, y lleno el aire de campanas,
Porque el que nace a la ternura, vence a la muerte cotidiana,
Abre las puertas de la vida y lleva un niño en la mirada”.
Tejada Gómez, Resurrección de la Alegría
Mario Seveso; Ruben Seveso; Nilda Kaufman; Daniel Milocco; Luis Milocco




