“Tengo fe en que el juez hará lo posible para que podamos ver a los chicos. Nada nos devolverá a mi hermana, pero eso nos curaría un poco el alma”, dijo Andrea Soulé, hermana de Verónica, cuyo primer aniversario de su muerte -se presume que a manos de su pareja- se cumplió este martes. Su esperanza se centra en recuperar la tenencia de sus sobrinos Benjamín de 9 años y Candela de 12, quienes luego del fallecimiento de Verónica quedaron a cuidado del padre y cuando éste fue detenido a raíz del cúmulo de evidencias en su contra, fueron a vivir con sus abuelos paternos.
“Estamos todos destruidos, pero con la esperanza de que esto va a pasar”, dijo Andrea a La Capital, luego de la entrevista que tuvo a junto a su madre, Graciela Ríos, con el juez Daniel Zoso, de San Jorge, quien les anticipó que se ocupará de resolver el conflicto. Entre lágrimas, aclaró que, además de la causa penal que impulsa la Fiscalía de Género de Santa Fe, a cargo de Alejandra del Río, quien apuntala la figura de femicidio, hay una demanda planteada por la tenencia de los pequeños que tramita en los Tribunales de San Jorge, pero mientras tanto, no pueden visitarlos.
El drama de la familia comenzó aquel martes 17 de marzo, cuando Lisandro Cabral cruzó la calle corriendo, ingresó a la vivienda de la madre de Verónica y le mostró sus manos quemadas. Le contó que minutos antes su pareja se roció con alcohol y luego se prendió fuego en un intento por quitarse la vida. Que él trató de ayudarla y por eso se lesionó las manos.
Pese a los esfuerzos de los médicos, Verónica falleció el 23 de marzo de 2020 en el Hospital Provincial de Rosario. Había ingresado con el 88 por ciento de su cuerpo quemado. Según allegados y familiares, entre ellos sus dos hijos, Soulé era víctima de violencia por parte de su pareja, por lo que intentan probar ante las autoridades que su muerte se trató de un femicidio y no de un suicidio, como sostiene Cabral.
Aunque el modo en que ocurrieron los hechos se intentará develar en el juicio, los indicios que colectó la fiscal Del Río Ayala apuntan hacia Cabral -de 35 años y actualmente detenido en la Alcaidía de Sastre-, quien mantenía una relación de sometimiento con Verónica, según cuentan los allegados.
Las pruebas sirvieron para que el juez, Pablo Ruiz Staiger, lo impute como sospechoso de haberla asesinado prendiéndole fuego tras rociarla con alcohol, delito que consideró como homicidio calificado agravado por el vínculo y le impuso prisión preventiva mientras tramita el juicio.
Las últimas novedades sobre el caso fueron el pedido de prisión perpetua por parte de la Fiscalía y la denegatoria de parte del juez al pedido de prisión domiciliaria realizado por la defensa. “Ahora tenemos fe en que el juez pueda ayudarnos para ver a los chicos. Desde que todo ocurrió pude ver a Benjamín hace una semana. Me enteré de que los abuelos no estaban, entonces fui hasta la casa y una tía me permitió verlo un ratito en la vereda. La nena estaba de viaje de estudios”, contó Andrea.
“No era él. Estaba muy distante y en ningún momento me miró a los ojos. Me contestó cortante lo poco que le pregunté y siempre miró hacia abajo. El problema es que no tuvieron atención psicológica ni contención. Hay instituciones que fallaron desde el momento cero”, relató y añadió que “le pedimos al juez que por lo menos nos permitan verlos un rato. Llevarlos a la plaza, a tomar un helado. Nada nos devolverá a mi hermana, pero nos curaría un poco el alma”.
Este martes, una movilización de representantes de Mujeres de la Matria Latinoamericana (Mumalá) del departamento San Martín, amigos y familiares que viajaron desde Entre Ríos, de donde son oriundos los Soulé, acompañaron a Andrea y Graciela a manifestarse frente el juzgado Civil, Comercial y Laboral Número 11 de San Jorge. El juez Zoso las recibió y cerró el encuentro con la promesa de ocuparse de resolver el pedido de visitas regulares, más allá de lo que se concluya en la causa por restitución de los niños.




