En momentos donde el éxodo rural crece, muchas familias de nuestra región siguen apostando a la vida y el trabajo en el campo. Es el caso de los Girotti, oriundos de María Susana, quienes desde hace unos 30 años residen en un establecimiento agropecuario de la zona. Llevan una vida entera dedicada a las labores en el campo. Realizan cría y engorde de ganado bovino; y trabajos de agricultura propios y para terceros.
El establecimiento, que cuenta con unas 100 hectáreas, pertenece a la zona rural de Bouquet y está ubicado en la quíntuple frontera que forma esta localidad santafesina junto a Las Rosas, María Susana, El Trébol y Los Cardos.
Ni las crisis económicas, ni las inundaciones lograron que esta familia se vaya a vivir a la ciudad, ya que según aseguran no cambiarían por nada la vida del campo.
En ellos, están representadas muchas de las familias del país y por ello fueron distinguidos con el premio a la «Familia Rural del Año», en el marco de Agroactiva, la muestra que cerró el pasado sábado en la localidad santafesina de Amstrong.
«Es perseverancia y un poco de terquedad seguir viviendo en el campo con tanto sacrificio. Pero lo hacemos con mucho orgullo y pensando siempre en la familia y las tradiciones», expresó a LA VOZ DE SAN JUSTO el matrimonio Girotti, conformado por Sergio Girotti, de 53 años y Silvina Pesce, de 49.
Sergio vivió en el campo en la zona rural de Bouquet hasta los 14 años con sus padres y luego se mudaron al pueblo, pero siempre su trabajo siguió ligado al campo. Luego regresó a vivir en el campo al casarse.
Por su parte, Silvina vivió toda su vida en el campo, primero trabajando con su familia en el tambo y demás tareas agrícolas en la zona rural de Piamonte, y hasta el día de hoy vive con Sergio y su familia que se completa con sus cuatro hijos: Evelina (28), Johana (26), Macarena (25) y Santino (5).
Sus tres hijas ya son todas profesionales y curiosamente las carreras universitarias se vinculan con la actividad agropecuaria. «Siempre les inculcamos el valor y el amor al campo, de manera tal que aunque el estudio las obligara a irse a la ciudad, nunca se desligarán del campo, lugar donde nacieron y se criaron», comentaron.
Su hija mayor, ingeniera agrónoma; la del medio tiene el título de licenciada en agroalimentos y la menor de las tres mujeres es diseñadora paisajística rural. Por su parte, el pequeño Santino ama los caballos y desde su corta edad ayuda a su padre a arriar las vacas en el campo.
«El trabajo en el campo es muy sacrificado, pero es lo que nos gusta y lo que sabemos hacer desde chicos. Cuando uno hace lo que le gusta, el sacrificio tiene otra sensación», expresaron los productores rurales.
«Los valores que se están perdiendo hoy en día en la sociedad es por dividir las familias y creo que nosotros por ser una familia unida le hemos hecho saber a nuestros hijos que ese es el camino que hay que seguir», reflexionaron.
El agua complica, pero no frena el deseo de seguir
Las inundaciones registradas en los últimos años, que se hacen cada vez más frecuentes, han sido motivo para que alguna vez hayan pensado en irse a vivir al pueblo, pero la idea no prosperó ya que el amor por lo que hacen es más fuerte.
«Para tener ganadería tiene que haber gente viviendo en el campo», señalaron.»Cuando empezamos a cosechar soja podrida por el agua que se abatió en la zona, y que cada vez es más frecuente, tuvimos que buscar otra alternativa para reducir el riesgo», agregaron.
No obstante, Sergio asegura que «el trabajo del productor agropecuario es tan genuino, que el productor vuelve a invertir todo lo que gana, a pesar de las circunstancias. De hecho, la soja se nos pudrió el año pasado y este año volvimos a sembrar».
«Por eso es doloroso que sea una actividad poco valorada, sobre todo por las decisiones políticas desacertadas en los últimos años», dijo el productor.
«Nos gusta mucho lo que hacemos y por eso seguimos manteniendo todo esto a pesar de las dificultades. Es un sacrificio enorme pero si uno lo hace con gusto, todo es distinto», agregó su esposa.
Desafiar el éxodo de las escuelas rurales
Silvina, además de ayudar a su esposo en las labores rurales, es también ama de a casa y la encargada de llevar todos los días al jardín al pequeño Santino, para lo que recorre 20 kilómetros hasta el pueblo y aprovecha el viaje para llevar a su hija Joahana que realiza algunos trabajos para la Comuna.
«El mayor obstáculo que tenemos es la escuela, ya que al irse muchas familias del campo van quedando pocos alumnos y cuesta mantenerlas en pie. Aquí no tenemos ningún jardín, por eso lo llevo al pueblo a mi hijo, tal como lo hice con mis tres hijas».
En este sentido, la madre de la familia expresó que «es un gran sacrificio hacer estudiar a nuestros hijos, pero obviamente siempre buscamos lo mejor para ellos, ya que son los que van a continuar con este legado familiar».
Los pro y los contra de vivir en el campo
Consultada sobre las ventajas de vivir en el campo, Silvina asegura que «vivimos bien, con comodidades.No nos sobra ya que el costo de vida es muy grande, pero vivimos cómodos». También señaló «creo que el hecho de vivir todos juntos, trabajar juntos y no perderse nada de los hijos, es nuestra mayor felicidad».
Para salir a hacer mandados, los Girotti salen todos juntos: «Los sábados vamos todos juntos a misa. También hacemos carneadas, invitamos a los vecinos y el que pasa se queda a comer con nosotros», contó Silvina.
«Ver a los chicos que trabajan en la mesa todos juntos charlando me hace revivir momentos que pasamos con mis padres y mis abuelos. Y ahí te preguntas ¿por qué dejarlo?Es un sacrificio muy grande pero nosotros lo seguimos viviendo de la misma manera», manifestó Silvina.
Además, la mujer afirmó que «viviendo en el campo ahorramos mucho en comida, ya que aquí se cocina, todo es casero y se obtiene de nuestra propia producción: la leche, carne, huevos, huerta, y eso se traduce también en salud». «También en vestimenta, ya que no hace falta que estemos todo el día con linda ropa», añadió.
Además destacó que «la infancia de los chicos es más sana, no tienen límites territoriales y se involucran en los trabajos de los padres.
Cocinera por excelencia, Silvina aseguró que «en el campo se cocina mucho más, ya que por ejemplo cuando nos quedamos sin pan no salimos a comprar, sino que se amasa».»Cociné mucho en mi vida y seguiré haciéndolo porque es la forma de reunirlos a todos en la mesa. Dicen que los recuerdos lindos quedan también en los olores, y en mi casa siempre hay olor a comida», manifestó.
Como contrapartida, asegura que los servicios y el transporte son caros: «Aquí no tenemos agua potable por lo que tenemos que comprar agua mineral. El servicio eléctrico está tan deteriorado que cuando sopla un viento fuerte se cae el poste y nos quedamos sin luz, de hecho hemos pasado hasta cuatro días sin energía eléctrica. Si bien estamos comunicados por medio de celulares, el servicio de internet aún no es muy bueno», afirmó.
«El transporte es en lo que más se gasta, ya que en épocas de inundaciones, recorremos más de 90 kilómetros para llegar al pueblo», lamentó.
En este sentido recordó una situación de emergencia que tuvieron que pasar una noche de lluvia en la que quedaron aislados: «Una noche mi hijo tenía 39 grados de fiebre pero no podíamos salir porque había llovido todo el día. Llamamos al médico y tratamos de bajar la fiebre hasta el otro día que decidimos emprender viaje hacia el pueblo. Los caminos alternativos por donde podíamos pasar estaban bajo agua: en uno encontramos la línea eléctrica caída en el agua y en otro árboles, por lo que mi marido tuvo que bajarse y cortar ramas para poder pasar y avanzar».
«Sembrar» los valores familiares
Consultada sobre lo que significó el premio a la «Familia Rural del Año», Silvina expresó que «estamos más que felices porque es un reconocimiento al esfuerzo y sacrificio, pero valoramos todo lo bueno que tenemos».
Agregó que «es un incentivo enorme para nosotros y esto nos confirma que debemos seguir adelante, ya que somos conscientes de que producimos alimentos para el mundo y que no somos los únicos, sino que representamos a muchas familias del país».
«Hay que ver siempre el lado positivo, no todo es material, si es necesario para la vida; pero lo que más nos reconforta es ver unida a la familia, apostar a los jóvenes como futuros seguidores de la actividad, que esto mejore», reflexionó Silvina.
«La sociedad debe advertir que el campo levantó al país muchas veces, gracias al esfuerzo de los que trabajamos mucha gente puede comer de subsidios, puede ser ayudada», sostuvo.
Finalmente, Silvina aseguró que «los valores de la familia son la mejor siembra que podemos dejar a nuestros hijos».
Fuente: La Voz de San Justo




