El Niño y Santa Fe: la preparación es tan importante como la lluvia

Un oceanógrafo ecuatoriano que sigue desde cerca el origen de El Niño advirtió que las consecuencias no estarán determinadas únicamente por el volumen de lluvias, sino también por el nivel de preparación de las ciudades y la población.

Mientras Ecuador elevó la alerta por la evolución de El Niño, el oceanógrafo Franklin Ormazá, docente e investigador de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol), aseguró que el impacto del fenómeno en Santa Fe dependerá tanto de la cantidad de lluvia como del nivel de preparación ante los excesos hídricos.

En contacto con el programa Una Tarde A La Vez, de AIRE, el especialista sostuvo que un mismo evento climático puede provocar consecuencias muy diferentes según el grado de vulnerabilidad de cada lugar. En ese sentido, afirmó que la infraestructura, la planificación y las medidas preventivas pueden ser tan determinantes como la intensidad del propio fenómeno.

El Niño no es el problema, sino la vulnerabilidad

Ormazá explicó que el fenómeno se encuentra en una etapa de evolución y que, de acuerdo con los últimos registros, podría fortalecerse en los próximos meses. Sin embargo, insistió en que el principal riesgo no radica en la intensidad de El Niño, sino en las condiciones con las que cada ciudad enfrenta sus efectos.

«El Niño no es la desgracia del mundo. El problema es cómo nosotros tratamos al mundo», afirmó el investigador. En esa línea, sostuvo que la deforestación, la falta de infraestructura y la escasa planificación aumentan la vulnerabilidad frente a eventos climáticos extremos.

Qué puede pasar en Santa Fe

Al referirse a la provincia, el oceanógrafo señaló que los efectos de El Niño llegan a través de las denominadas teleconexiones climáticas, es decir, cambios atmosféricos originados en el Pacífico ecuatorial que terminan modificando el régimen de precipitaciones en regiones alejadas como el litoral argentino.

Según indicó, durante un evento de El Niño, Santa Fe suele registrar un incremento de las lluvias de entre 20% y 30% respecto de un año promedio. No obstante, remarcó que ese aumento no implica necesariamente una catástrofe y que el impacto dependerá de la capacidad de respuesta de la provincia y de sus ciudades.

Además de reclamar obras e infraestructura, Ormazá sostuvo que la prevención no debe recaer exclusivamente sobre los gobiernos. A su entender, las acciones cotidianas de la población también pueden reducir los efectos de las inundaciones.

«Si nosotros como individuos sabemos qué tenemos que hacer y asumimos la responsabilidad de limpiar desagües, arreglar nuestras casas y tomar previsiones, eso va a ayudar muchísimo», expresó. Para el especialista, la combinación entre obras, planificación estatal y compromiso ciudadano es la mejor herramienta para enfrentar un fenómeno que, según las proyecciones, continuará evolucionando durante los próximos meses.

Por qué un mismo El Niño puede provocar impactos muy diferentes

Ormazá recordó que la intensidad del fenómeno no siempre se traduce en daños de la misma magnitud. Como ejemplo, mencionó que el episodio de El Niño de 2015-2016 alcanzó una intensidad similar al de 1997-1998, aunque sus consecuencias fueron muy distintas en varias regiones del mundo.

Según explicó, esa diferencia responde a una combinación de factores climáticos y, sobre todo, al nivel de vulnerabilidad de cada territorio. «El problema es que uno es más vulnerable», resumió el especialista, al señalar que la infraestructura, la planificación y la preparación de la población son variables que pueden marcar la diferencia entre un evento manejable y un desastre.

Fuente: Aire de Santa Fe