Patrona de la Capilla de Banchio, la Virgen de los Dolores fue el origen de la creación del templo religioso ubicado entre las ciudades de Sastre y San Jorge. Con 114 años de historia y fundado por Don Miguel Banchio, el espacio se erigió por medio de una promesa, sufrió el traslado por el trazado de una ruta y fue víctima de una profanación que hoy se mantiene como leyenda. Hace pocos años atrás, una de sus descendientes, Betiana Banchio, contrajo matrimonio junto a Sebastián Falcone, reforzando un acto de fe de un pequeño espacio que persiste inmutable con el paso del tiempo y refleja pasiones.
En el marco del Día de la Virgen de los Dolores – conmemorado este pasado domingo – la Capilla Banchio será el lugar elegido para la celebración de la misa de este martes a las 15. Como todos los años, el templo religioso ubicado a la vera de la ruta 13 congregará fieles y devotos de la región.
Más de un siglo
Capilla Banchio. Duerme junto a la ruta 13 aquella que nació, cayó y volvió a nacer, quien es una manifestación de fe y que hasta se dice, tomó represalia contra aquellos que la profanaron. Para los ojos mundanos, una construcción más del camino, para los despistados quizás un viejo galpón, pero para aquellos que saben ver, memoria tangible es la que se explaya ahí. Bajo la sombra de viejos árboles, acompañada por el canto de las aves y el fugaz rugir de motores, la capilla persiste invitándonos a parar a tomar un descanso a sus pies.
En el distrito rural de Sastre, la Capilla Banchio mira al norte el ir y venir de los viajeros. Está ubicada en el actual cruce de un camino rural con la ruta 13, en el tramo comprendido entre la cabecera del departamento San Martín y San Jorge. Fue construida por Don Miguel Banchio (1839/1917) en el año 1910 respondiendo a una promesa que le hizo a la Virgen Dolorosa.
Según se dice, tenía graves problemas de salud y prometió que si sanaba iba a construirle una capilla. También se dice que en el lugar sabía aparecer una luz mala, y una de las funciones de la construcción de fe fue terminar con la aparición.
Existió por medio siglo en paz, cumpliendo con su deber, hasta que debió enfrentar al destino cara a cara. El trazado de una nueva ruta se iba a realizar, eligiendo pasar justo por el mismo punto geográfico en el cual ella había nacido. Casi una broma de mal gusto que algo así suceda en un planeta tan grande, pero ambas realidades coincidían en el mismo lugar. Y como dice la física, dos cuerpos no pueden ocupar al mismo tiempo y el mismo espacio físico. Fue así que la Capilla encontró su final.
Pero ella no podía desaparecer, no lo iba a hacer, debía cumplir con la palabra de su creador, y toda una ruta no iba a poder doblegar su espíritu. Fue así que en 1963 renace a metros de su posición original, la cual continúa mantenida y mimada por la comunidad de Sastre y por los descendientes de Miguel, quienes mantienen su memoria viva. A tal punto que en 1986 ellos se reúnen para colocar una placa recordándolo.
Y hace poco tiempo una de sus descendiente contrajo boda en dicho templo. Betiana Banchio, junto a Sebastián Falcone, eligieron que ese debía ser el lugar para confirmar el sí ante Dios. También ha sido el destino de caminatas, de misas religiosas, o de promesas de los pobladores de la localidad de Sastre y San Jorge, que la han adoptado como propia.
Una leyenda que se mantiene viva
Corría la década del 70´. Una noche oscura, las luces de un automóvil iluminaban la silueta blanca de la Capilla haciéndola brillar casi con luz propia. El vehículo detuvo su marcha violentamente sobre la gramilla de la banquina. Los haces se perdieron como dos columnas estrellándose contra el muro. En el interior, cuatro muchachos que habían bebido de más y regresaban de fiesta en un boliche de San Jorge, entre carcajadas y cargadas, se dieron valor para hacer una inocente travesura.
El conductor se negó una y otra vez, por más que el resto lo humillaba para provocarlo a que se una. Pero el sabía que había cosas más allá de su comprensión que se debían respetar. El resto ignoró sus advertencias y descendien caminando entre las luces, estirando sus sombras que se unían con la nada misma. Avanzaron caminando torpemente hacia el templo. El viento aumentaba su intensidad entre las hojas de los árboles, como advirtiéndoles que no prosigan, pero ellos no hicieron caso.
Eran marionetas del alcohol y de sus impulsos. Con fuerza atacaron la puerta logrando que ceda el paso para internarse a tientas en busca de las estatuillas sagradas, retirándolas una a una de sus ubicaciones. Así, las acarreroan y colocaron junto a la senda asfáltica en posición de hacer dedo. La última la subieron al automóvil a escondida del conductor y la dejaron en la barandilla de un puente cercano, como si estuviese pescando. Entre carcajadas por su supuesta hazaña, regresaron a sus hogares.
Con las primeras luces del día, las sagradas figuras fueron encontradas con sorpresa, recuperadas y trasladadas a sus lugares originales. A los pocos años, y con el pasar del tiempo, uno a uno los participantes de la profanación murieron de forma trágicas. Todos excepto uno, el chofer, quien falleció después de disfrutar de una larga vida.
Más allá de la leyenda, la Capilla Banchio persiste reflejando la fuerza de su fundador, uniendo a la familia a pesar de la barrera infranqueable del tiempo. Para algunos, un detalle más del camino u otro templo, para otros una referencia geográfica o un lugar lleno de misterio al que se debe respetar. Pero para una comunidad y una familia, un legado al que protegen con cariño.
Fuente: Facultad de Humanidades y Ciencias – Universidad Nacional del Litoral







