Diez años de escritura, intentos fallidos y aprendizajes en rodajes ajenos desembocaron en “Karma Negro”, la película que Juan Cruz Mangiantini soñó desde una noche cualquiera en Rosario, cuando una frecuencia de taxi le disparó una sinopsis. “Yo sabía la película que quería hacer, lo que me preocupaba era que la gente que trabajara en ella estuviera a gusto”, dice el director, convencido de que el cine se construye tanto con imágenes como con humanidad.
La película, de setenta minutos de duración, se estrenó en 2025 y rápidamente obtuvo el Premio del Voto del Público en el Festival Latinoamericano de Cine Rosario. Producida por Minga Films con el apoyo del municipio de San Jorge y Cultura Santa Fe, “Karma Negro” es un drama con tintes de thriller y un profundo anclaje en la realidad social argentina. La trama sigue a Claudio, un remisero informal atrapado por la economía y sus propias debilidades, que interfiere en el cobro de un secuestro y se queda con el dinero. El precio es su libertad y la de su familia.
El elenco está encabezado por Claudio Medina en el papel de Claudio, Adriana Bernardi como Marta y Ambar Reschia junto a Geo Celiz Montecchia como Camila. Se suman Danilo Monge como Marciano, Eric Bier como Turco y Mauro Lemaire como Negro. La dirección de fotografía estuvo a cargo de Mariano Ferrari, el sonido de Nahuel Horacio Reyes Sosa, el arte de Elisa Rodríguez y la música original de Jeremías Sorrequieta.
La odisea que comenzó en un taxi
—¿Cómo nació la idea de Karma Negro?
—La empecé a idear en 2013, después de ver una película de Claudio Perrín en El Cairo. Volviendo a casa en taxi, escuché frases extrañas en la frecuencia de radio. Esa noche escribí lo que terminó siendo casi la sinopsis de la película. Fue una idea fugaz que se convirtió en historia. Después vinieron años de escritura, de sumar y restar escenas, de reescribir personajes. Me tomé el privilegio de escribir cuando realmente lo sentía, no solo cuando tenía tiempo. Eso hizo que el proceso fuera largo, pero también más honesto.
—¿Qué te impulsó a seguir adelante con un proyecto tan largo?
—Desde que tengo memoria siempre quise contar historias. De chico ya inventaba relatos frente a la cámara VHS familiar. Con el tiempo entendí que escribir era un camino, pero hacer cine requería mucho más: conocimiento, equipo, recursos. Aprendí en rodajes, en talleres, y confirmé que era lo que quería hacer. Pasé por todos los roles posibles: asistente de cámara, gaffer, dirección de fotografía. Eso me dio una visión completa de lo que significa un rodaje y me convenció de que mi lugar estaba en la dirección.
—¿Qué significa para vos dirigir?
—Dirigir no es solo decidir planos o escenas. Es un acto humano. Tenés que liderar desde lo humano, estar con el equipo, saber qué necesitan las personas detrás de cada rol. Después de diez años de pensar esta película, lo que más me preocupaba era que la gente que trabajara en ella estuviera a gusto, que se levantara cada día con ganas. Para mí, dirigir es acompañar, escuchar, entender que detrás de cada función hay una persona con su propia vida y sus propios problemas.
—El camino hasta el rodaje fue complejo. ¿Cómo lo viviste?
—Hubo intentos fallidos, rodajes cancelados, experiencias en festivales de cine independiente. En 2016 intentamos grabar un teaser, pero me di cuenta de que no tenía ni la experiencia ni los recursos para hacerlo. Más tarde, en el marco de una ONG que nucleaba técnicos y actores, presentamos el proyecto en un festival de realización de películas en diez días. Llegamos a armar un equipo, pero conflictos externos nos obligaron a cancelar. Fueron golpes duros, que me hicieron dudar. Pasé por momentos muy difíciles, incluso una depresión. Pero seguí insistiendo. Finalmente, en San Jorge, con apoyo del intendente y un equipo que se formó casi de manera orgánica, logramos filmar. Fueron quince días intensos, pero valió la pena. La comunidad se involucró y eso le dio a la película un aire auténtico.
—La película obtuvo un premio en Rosario. ¿Qué significa ese reconocimiento?
—El Premio del Voto del Público en el Festival Latinoamericano de Cine Rosario fue muy especial. Más allá de la crítica, lo que más me importa es la conexión con los espectadores. Que la gente se haya sentido interpelada por la historia confirma que valió la pena todo el esfuerzo. “Karma Negro” es una película hecha desde la periferia, con recursos limitados, pero con una convicción enorme. Que el público la haya elegido es un respaldo que me emociona.
—¿Cómo fue el trabajo con el elenco?
—Claudio Medina interpreta al remisero, Adriana Bernardi a Marta y Ambar Reschia junto a Geo Celiz Montecchia a Camila. Son personajes atravesados por la crisis económica y las tensiones familiares. La elección fue clave: necesitábamos actores capaces de transmitir esa crudeza. También se sumaron Danilo Monge como Marciano, Eric Bier como Turco y Mauro Lemaire como Negro. Todos aportaron una impronta que le dio autenticidad a la historia. El compromiso del elenco fue total, y eso se nota en cada escena.
—¿Qué referentes te marcaron en tu carrera?
—Fabián Bielinsky, sin dudas. “Nueve reinas” y “El aura” son para mí la elite del cine de autor en Argentina. Tenía una visión muy amplia y sabía exactamente lo que quería. Su forma de escribir y dirigir me mostró lo difícil que es hacer cine, pero también lo que significa hacerlo con convicción. Bielinsky me enseñó que un buen guión no garantiza una buena película, y que un mal guión puede convertirse en algo grande si lo toma el director adecuado. Esa idea me acompañó siempre.
—¿Cómo ves el cine argentino hoy?
—El cine argentino tiene una tradición de cine de autor muy fuerte. Hay directores que escriben y dirigen sus propias historias, lo que le da una impronta única. Pero también es un camino difícil: falta financiamiento, falta apoyo sostenido. Aun así, creo que lo que se hace acá tiene un valor enorme, porque refleja nuestra identidad y nuestras contradicciones. Nueve reinas es un ejemplo: imposible de replicar fuera de Argentina. El cine argentino tiene esa capacidad de narrar lo cotidiano con crudeza y de convertirlo en universal.
Silencio y reflexión
—¿Qué buscaste transmitir con «Karma Negro»?
—Quise explorar la naturaleza ineludible de las consecuencias. ¿Es posible escapar del pasado? Cada acto de desesperación, por más justificado que parezca, nos ata a un destino del que no podemos huir. La película es una reflexión sobre la culpa, la redención fallida y cómo la violencia, una vez desatada, produce más violencia. No busco juzgar a Claudio, el protagonista, sino entenderlo. Es un hombre atrapado por sus circunstancias y su propia debilidad, que toma una decisión que fractura su vida y la de su familia para siempre.
—El rodaje fue breve pero intenso. ¿Cómo lo organizaron?
—El rodaje duró quince días. Llegamos con un equipo reducido, las cabezas de área y asistentes clave. Fue intenso: recorrimos locaciones, hicimos casting en San Jorge y armamos el plan de rodaje casi sobre la marcha. Hubo momentos muy duros en la preproducción, incluso atravesé una depresión, pero al final logramos filmar. Esa experiencia me marcó: entendí que el cine se hace con perseverancia y con gente que cree en el proyecto. La dirección de fotografía de Mariano Ferrari, el arte de Elisa Rodríguez y la música de Jeremías Sorrequieta fueron fundamentales para darle identidad visual y sonora a la película.
—¿Qué rol jugó la comunidad de San Jorge?
—Fue fundamental. El intendente nos apoyó desde el inicio y la ciudad se convirtió en escenario y motor del proyecto. Yo tuve que adaptar el guión, que estaba pensado para Rosario, pero esa transformación le dio identidad propia. La comunidad se involucró y eso le dio a la película un aire auténtico. Muchos vecinos participaron en la producción, y eso hizo que “Karma Negro” sea también un testimonio.
Un futuro de película
El recorrido del film no termina en su estreno ni en el premio obtenido en Rosario. Para Mangiantini, la película es apenas el inicio de un camino que se abre hacia nuevos proyectos. “Después de todo lo que pasamos, sé que no quiero detenerme. “Karma Negro” me dio la certeza de que puedo contar historias desde donde estoy, con los recursos que tenga, pero con la convicción intacta. El futuro es seguir filmando, seguir escribiendo, seguir armando equipos que crean en lo que hacemos”, afirma.
Ese futuro se nutre de la experiencia acumulada: los rodajes frustrados, las jornadas intensas en San Jorge, la construcción de un elenco comprometido y el aprendizaje de que dirigir es, sobre todo, acompañar a las personas detrás de cada rol. “Lo más importante es que la gente que se sume tenga ganas, que se levante cada día con entusiasmo. Si logramos eso, cualquier proyecto puede salir adelante”, sostiene.
“Karma Negro” se convierte así en un punto de partida. Una película nacida de un instante fortuito, atravesada por años de insistencia y finalmente concretada gracias a la perseverancia y al apoyo colectivo. Su futuro está en las manos de un cineasta que entiende que el cine argentino se construye con esfuerzo, identidad y humanidad. Y que, como él mismo dice, “lo que viene es seguir, porque las historias no se terminan y esperan ser contadas”.
Fuente: La Capital




