Por las lluvias, el departamento San Martín perdió u$s83 millones en la última campaña

Por las lluvias, el departamento San Martín perdió u$s83 millones en la última campaña

Los números son estruendosos. Entre noviembre de 2018 y mayo de 2019 se registraron precipitaciones similares a las que deberían caer en todo un año. El impacto en los cultivos también se observó en los lotes: se cosecharon 59.000 hectáreas de soja y 25.000 de maíz menos que un período atrás.

Las cifras son fuertes. Sólo noviembre de 2018 acumuló 400 milímetros de agua. Y el registro total de ese mes hasta mayo de este año llegó a los 900. El campo lo sintió. En el departamento San Martín las cosechas dejaron su huella. Hubo 59.000 hectáreas de soja y 25.000 de maíz menos que un año atrás. Y en números, las pérdidas fueron millonarias. Se trata de unos $3.500 millones que, traducidas al valor del dólar de aquel momento, arroja un total de u$s83 millones.

Los datos se desprenden de un informe elaborado por la Agencia de Extensión Rural (AER) del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Carlos Pellegrini. De acuerdo al relevamiento, las lluvias caídas desde noviembre de 2018 hasta mayo de 2019 dejaron para el sector agropecuario pérdidas económicas millonarias en el departamento San Martín. Para obtener los números, el organismo realiza anualmente una metodología con una recorrida en campo. En total se analizan 300 kilómetros en donde ingenieros agrónomos estudian y toman nota de los cultivos que ocupan cada lote del radio delimitado sobre una imagen satelital. Ese trabajo se le entrega al equipo de Recursos Naturales del INTA Rafaela y, mediante ese patrón, determina la superficie ocupada con siembras.

Y de acuerdo a la comparación de la campaña 2017/18 – donde una seca golpeó al campo – con la última 2018/19, los números son alarmantes. “Vimos que había una diferencia muy grande de un año al otro en soja y maíz. En las imágenes observamos un faltante en un sector del centro del departamento – oeste de San Jorge, Crispi, norte de Castelar, oeste de Carlos Pellegrini y norte de María Susana –. Hubo una pérdida de alrededor de 59.000 hectáreas de soja y 25.000 de maíz”, detalló Gustavo Almada, ingeniero agrónomo del INTA Carlos Pellegrini.

Pero desde el Instituto se encargaron, también, de trasladar las pérdidas a billetes para dimensionar el golpe al bolsillo del productor. Por eso, tomaron las 59.000 hectáreas de la oleaginosa a un rendimiento promedio de 35 quintales – algo normal para la zona – a un valor de mercado del momento de la cosecha. Algo similar hicieron con el maíz – 90 quintales por hectárea de rendimiento – para realizar los cálculos. “Estamos hablando de unos $3.500 millones que, traducidos al valor del dólar en ese momento ($44) nos daba un total de u$s83 millones. Entonces para pasarlo en limpio, en una campaña el departamento San Martín perdió ese millonario número”, se lamentaron.

Asimismo, también dejaron en claro que los campos afectados fueron lotes de clase uno y dos, los mejores suelos del departamento. “No se perdió la soja de la cañada porque a los productores se les ocurrió sembrar en tierras inundables. Estamos hablando de las tierras de alto rendimiento de la región”, destacó Almada.

A pesar que a nivel nacional se trató de una “súper campaña” de unas 150 millones de toneladas de granos en total en todo el país, desde el INTA aclararon que al momento de realizar los cálculos fueron “demasiado conservadores”, aunque los rendimientos fueron en algunos lotes extraordinarios. “Siempre planteamos lo mismo. En las sequias más democráticas, los productores quedan afectados todos por igual, pierden todos. Pero en esta situación el problema es que hay un productor en un sector que no pudo cosechar nada y a los pocos metros otro levantó 50 quintales de soja. Esto tiene que ver con una característica que tiene el departamento. Existe una zona alta y otra baja. En el medio queda una franja natural que, cuando se registran fuertes precipitaciones, esas tierras quedan anegadas”.

Hasta mediados de noviembre de 2018, el año se presentaba de manera seca. Incluso las napas habían bajado a tres metros y los trigos se encontraban sufriendo por falta de agua. Y al momento en el que se desencadenaron los temporales ya se habían sembrado los cultivos de soja y maíz. Sólo en el mes noviembre el registro fue de 400 milímetros. Y durante todo el ciclo – hasta mayo aproximadamente – se llegó a los 900 milímetros. “Lo que llueve en un año se concentró en seis meses. Ese fue el gran problema. La excesiva lluvia fue la causa principal del inconveniente”.

Desde el INTA también se encargan de realizar un seguimiento de la altura de las napas freáticas en la región. En total son más de 40 puntos los que se analizan en el departamento y al mes de mayo, antes de la siembra de trigo, en promedio se encontraban a un metro de profundidad. “Ahora han bajado porque en invierno llovió poco. Es beneficioso para el cultivo que hay en campo. Las lluvias de los días atrás, más el perfil húmedo de las tierras, para el trigo es ideal. A esos valores son muy favorables, pero el inconveniente surge cuando se desencadena un episodio como el que venimos mencionando”, sostuvieron desde el organismo pellegrinense.

Las lluvias que se vienen

En el INTA adelantaron que el pronóstico para los próximos tres meses – agosto, septiembre, octubre – traerá aparejado lluvias normales o superiores a lo habitual, con lo cual revisando los promedios anuales deberían registrarse entre 50 y 60 milímetros cada treinta días y unos 90 aproximadamente en el último mes. “Para el trigo es fundamental porque le va a asegurar buen rendimiento, pero también es importante para la siembra del maíz que es lo que se viene próximamente”.

El maíz y el trigo ganan la pulseada

Las superficies sembradas de maíz y trigo han crecido en dimensiones. De acuerdo al relevamiento del Instituto, este último cultivo ocupó en la campaña anterior unas 145.000 hectáreas en el departamento San Martín. “La expectativa para lo que viene es repetir o superar esa cantidad de tierra alcanzada”. En tanto, los pronósticos futuros para el maíz adelantan que se superarán las dimensiones a cultivar. “La explicación que tiene esta situación son los precios de mercado y la necesidad de rotar los suelos”, indicó Almada.

La soja, menos tentadora

De a poco el boom sojero fue apagando su llama. En el INTA lo notan y la realidad es palpable. Los estudios arrojan un informe en el cual la observación indica que la oleaginosa va quedando de lado y fue perdiendo terreno en los últimos años. Cultivos como trigo, girasol y maíz van ganando lotes favorecidos, también, por las condiciones de humedad. “El monocultivo de soja tenía que ver con que los otros cultivos no eran convenientes en el momento que tenían retenciones. Antes era rentable sembrar la oleaginosa, ahora se hizo muy caro debido a la resistencia de malezas que implica mayor gasto en herbicidas. Y una de las herramientas para enfrentarlas, además de la aplicación de agroquímicos, es la rotación de cultivos. El productor va tomando conciencia de eso”, remarcó el ingeniero agrónomo.

La lechería, entre la rentabilidad y el golpe de las lluvias

“Actualmente la situación de la lechería ha mejorado por las condiciones de los precios. Los productores están cobrando entre $15 y $16 el litro de leche”, destacó Almada. Los números, atractivos en este momento, marcan un horizonte alentador. Es que la rentabilidad, sostienen, viene siendo “positiva” para el sector en los últimos meses. “Las variables para llegar a un indicador positivo en este último tiempo fue un crecimiento en el precio de la leche y un dólar que se quedó relativamente quieto – llevó a que los insumos mantengan una estabilidad en su valor –. El tambo es una explotación muy demandante de mano de obra que necesitaría tener una rentabilidad estable”, aseguraron desde el INTA.

Asimismo, y sin ser una excepción a la regla, la lechería también sufre los impactos de las abundantes precipitaciones que golpearon a los cultivos. El sector vivió entre 2016 y 2017 una serie de inundaciones que desencadenó el cierre definitivo de un alto número de establecimientos tamberos. “A medida que fueron cayendo y, consecuentemente una disminución en la producción de leche, el precio del litro se incrementó. Los productores que pudieron soportar la situación, en este momento están logrando recuperar lo perdido durante años muy pesados”, concluyó Almada.

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