Pantera y Matadora

La pellegrinense Elina Rodríguez disfruta de sus vacaciones tras conseguir el bicampeonato con San Lorenzo de Almagro. En 2014 y con sólo 16 años integró el seleccionado argentino mayor en el Mundial de Italia. Ahora se le viene un año agitado, donde también representará al país en Eslovenia.

De vacaciones en su Carlos Pellegrini natal, Elina Rodríguez disfruta de su tiempo libre. La cita está pautada para la hora de la tradicional siesta, una costumbre que se mantiene viva en las localidades del interior. Ese momento en que las altas temperaturas hacen prácticamente imposible pasear al aire libre y sólo las chicharras se escuchan cantar sobre la calle. Esa, quizás, sea la causa por la cual la joven se haya relajado en la espera y el sueño le gane la pulseada.

Para los casi 7.000 habitantes de la pequeña localidad del departamento San Martín la joven de 19 años no es más que una adolescente que visita esporádicamente su pueblo. Quizás sea por la humildad y sencillez que la caracteriza.

Pero Elina Rodríguez es algo más. En su corta edad supo cosechar un importante número de laureles que la transforman en algo más que una chica del interior. Como jugadora de vóley tuvo un paso por Americano (Carlos Pellegrini), El Tala (San Francisco) y Trebolense (El Trébol). Y de ahí dio el gran salto. Pasó a San Lorenzo de Almagro con 16 años y decidió alejarse de sus seres queridos para radicarse en Buenos Aires.

Y con el club de Boedo se convirtió en una verdadera “Matadora”. Tuvo un fantástico 2015 y consiguió cuatro títulos consecutivos: Copa “Chulo” Olmos, Superliga Metropolitana, Abierto de Mayores de San Jerónimo y el primer campeonato de División de Honor de la Federación Metropolitana de Vóley. Y en diciembre último se volvió a coronar en la División de Honor consiguiendo el bicampeonato.

En 2014 integró el plantel mayor de la Selección Argentina y se convirtió en “La Pantera” más joven de aquel momento. Con sólo 17 años viajó a Italia para disputar el Mundial con la máxima división del combinado nacional. Y ahora espera con ansias afrontar la nueva temporada con “Las Matadoras” – así apodan a las jugadoras de San Lorenzo –, donde tendrá por delante la Liga Nacional. También se le viene el Mundial Sub-23 con la Selección que se disputará en Eslovenia en el segundo semestre del 2017.

¿Cómo llegas a San Lorenzo?

En 2014 teníamos que viajar al Mundial de Italia con la selección Argentina y se armó un amistoso con un combinado de la Liga Metropolitana que se juega en Buenos Aires. Como entrenadores del conjunto contrario estaba Eduardo “Tuco” Allona, quien entrenaba a Boca, y Mario Gallego, de San Lorenzo. En ese encuentro me vieron y una vez terminado recibí el llamado del “Ciclón” para integrar el club. De esa forma fue como se dio mi llegada a San Lorenzo. Tenía 16 años cuando quedé. En ese preciso momento me instalé en Buenos Aires donde comencé a vivir en una casa junto a otras cinco chicas del plantel.

San Lorenzo es una gran familia para vos…

Es así. Es muy grande. Cuando uno vive se da cuenta que sigue teniendo esa esencia de barrio. La familia se destaca y se puede emparentar con lo que ocurre en los diferentes clubes de la zona. Es un lugar donde se conocen todos, por eso no se extraña eso que te da el pueblo. Yo estaba acostumbrada a pasar mucho tiempo en Americano y conocer a la gente. En San Lorenzo es igual. A pesar de ser un gigante, no hay desconocidos.

¿Cómo es la vida dirigencial en San Lorenzo con el vóley femenino?

Es algo que no tiene diferencias con el fútbol o el básquet mayor. Para dar un ejemplo, antes de una final por el Torneo Metropolitano, el presidente del club, Matías Lammens, entró al vestuario para dar palabras de aliento. Por otro lado fuimos invitadas a Showmatch donde le entregamos la camiseta a Marcelo Tinelli tras consagrarnos campeonas. Para los dirigentes no somos ningunas desconocidas. Saben nuestros nombres, quienes somos, de dónde venimos.

En otro momento hicimos una campaña por Erika Mercado – jugadora ecuatoriana y compañera de equipo en San Lorenzo que su familia perdió la casa cuando en abril del año pasado un terremoto de 7,8 grados en la escala Richter arrasó en el país caribeño – para juntar fondos a través de la venta de bonos. Marcelo Tinelli se enteró de la situación, se comunicó rápidamente con ella y se puso a disposición para darle una mano.

Para dar otro ejemplo, cuando el básquet de primera división salió campeón en la Liga Nacional organizaron una cena y nosotros estuvimos invitadas. En la cancha de fútbol cada vez que nos cruzan se preocupan y preguntan si necesitamos algo. Es una dirigencia con mucha presencia donde el trato se hace normal y cotidiano. Es como convivir con el presidente del club de un pueblo.

¿Cómo es un día en tu vida?

No cambia demasiado a lo que hacía en Carlos Pellegrini. Claro que hoy tengo prioridades, obligaciones y pasan por el vóley. También depende de los horarios de práctica. Hay épocas donde lo hacemos en doble turno, sobre todo en la etapa final del año, y otras en que los entrenamientos son únicamente a la tarde. Pero mucho de mi tiempo lo paso en el club. Por lo general a la mañana tenemos libre.

Te fuiste con sólo 16 años a Buenos Aires. ¿Lograste adaptarte rápidamente a la ciudad?

No fue fácil. Me fui acostumbrando de a poco. En este último tiempo empecé a encontrarle la mano a la ciudad. Al principio fue complicado. No me gustaba y extrañaba mucho.

Vecinos de Carlos Pellegrini destacan siempre la humildad que te caracteriza. ¿Quién te hace tener los pies sobre la tierra?

La humildad fue algo que adquirí desde muy chica en mi casa. Son cosas que se incorporan y te las da la familia. Los valores que uno toma de la infancia no los pierde nunca. Por eso me manejo de la misma forma en Carlos Pellegrini y en Buenos Aires. Soy la misma en todos lados y el trato hacia los demás no cambia más allá del lugar donde esté. Pero mi familia es un gran sostén en todo esto, más allá que esté a 500 kilómetros. El técnico es otra de las personas que me abrió las puertas de su casa y junto a su familia me hacen sentir como una más de ellos.

¿Se te cruzó en algún momento que la final última por la División de Honor frente a River se les podía escapar?

No. Nos preparamos todo el año para eso. Hace dos años que venimos jugando finales y ellas era la primera vez que lo hacían. Teníamos más restos físicos y experiencia para esa clase de partidos. Eso te da un plus de ventaja. Contábamos con la localía. La confianza de nuestra gente y la chapa de jugar finales, le da una confianza extra a este grupo. Sabíamos que iba a ser una serie complicadísima, pero en ningún momento nos desesperamos. Teníamos en la cabeza que los partidos iban a ser largos. Trabajamos mucho en cuanto a la intensidad de los juegos. Por eso nunca dudamos de que el campeonato se pudiera escapar.

Se sortearon los grupos de Liga Nacional y les tocó el combinado de la Selección Argentina, Rivadavia de Villa María (Córdoba) y Atlético San Jorge. ¿Cómo vez la zona?

Vamos viendo las incorporaciones de los demás equipos. Somos favoritas y bicampeonas. Pero no podemos regalar nada. Como siempre, los rivales son complicados. Nosotras corremos con ventaja por sobre el resto por habernos consagrado a fin de año.

¿Qué balance haces del año que se fue?

Fue un año muy duro porque estuvimos recorriendo muchos lugares con la Selección Sub-23. Había veces que estábamos una semana en un lugar e inmediatamente debíamos trasladarnos a otro. Fue realmente agotador.

Con San Lorenzo costó mucho volver porque como equipo, cuando teníamos que viajar con la selección, el técnico no podía repetir las mismas jugadoras en cancha y debía cambiar. Hubo otras chicas que tuvieron que hacerse cargo de la situación en un tramo del año. Al momento de volver a integrarnos de lleno al plantel, había chicas lesionadas a quienes les costaba ensamblarse nuevamente al equipo. Pero a pesar de eso logramos quedarnos con el Metropolitano a fin de año.

¿Cuáles son tus expectativas de cara al 2017?

Ahora se viene la Liga Nacional. Y después tenemos que afrontar la Copa “Chulo” Olmos, la Superliga y por último el Torneo Metropolitano. Va a ser un 2017 agitado en cuanto al calendario. Pero es lindo jugar todas estas competencias.

Lo más próximo es ganar la Liga Nacional. Si podemos volver al 2015 donde obtuvimos todo lo que jugamos, incluso la Superliga, sería un gran logro. Ir por el tri campeonato con San Lorenzo es otro objetivo importante. Tenemos el Mundial Sub-23 en Eslovenia y dejar una buena imagen sería algo bueno.

¿Qué significa la Selección Argentina en tu vida?

Siempre que se trata de la selección todo es orgullo. Cuando me tocó integrar el plantel en 2014 y tenía solo 17 años, nunca se me pasó por la cabeza pensar el lugar que ocupaba. Dentro de la cancha todos te exigen que juegues como si fueras mayor. Y personalmente también uno se exige de la misma forma. La edad queda al margen y es lo que menos juega en la mente. Con el paso del tiempo me fui dando cuenta del lugar en el cual estaba parada.

¿Te pusiste a pensar en dar un salto de calidad e ir a Europa?

Siempre lo quise. Siento que me estoy preparando para, si llega el momento, estar a la altura. No me gustaría tener que ir y volverme. Me gustaría llegar a Europa como una jugadora profesional y no como alguien amateur que tiene que formarme allá. Llegar al viejo continente y dejarlo rápidamente no sería bueno.

¿Hay referentes en tu vida deportivo?

Es difícil mirar a alguien en Argentina porque todavía no se llegó al profesionalismo que hay en Europa. Sí me voy fijando en gestos técnicos de jugadoras del seleccionado para imitar y que ayuden a mi crecimiento. Es diferente a lo que ocurre en fútbol o básquet, donde los que vienen de abajo siempre tienen una imagen fuerte arriba a quien copiar.

¿Con qué soñas?

Quiero vivir del vóley. Es algo a lo que apuesto. El mayor logro que podría obtener sería ganar un Juego Olímpico. Me gustaría ir a las mejores ligas. Si tendría la posibilidad me gustaría competir en Italia o Brasil, y si podría elegir me quedo con este

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